Torni Segarra

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1021. No se trata solamente de ley escrita. Se trata de la ley que no está escrita por los hombres. Es la ley moral, la que descarta la corrupción.

 

 

1022. ‘Ni siquiera el mejor hombre fue capaz de compadecerse de los más ricos, del Sanedrín y de los romanos.

Por tanto, la duda, la diferencia, la confrontación, siempre, siempre existirá.

Y asumido esto, lo único que podemos hacer es diferenciar entre confrontadores, el que se comporta violentamente y el que no. Y al violento hay que castigarlo’.

Pero, así quedas entrampado, cuando dices que estás contra la violencia, y a la vez justificas la tuya, denigrando sólo la de los demás.

Deberías decir: todos hemos de ser violentos para sobrevivir. Donde tienen que haber ganadores y perdedores. Por tanto, tan legítima es tu violencia, como la de los otros, que la usan como tú para defenderte e imponer tu manera de vivir.

Si tú adoptaras esa actitud, tu vida cambiaría porque no verías la diferencia de acción con los demás. No estarías dividido de ellos. Por lo que, no se generaría desorden, conflicto, anarquía -que es hacer lo que a uno le da la gana-.

La ley, que no está escrita, es: todos somos violentos, todas las violencias son igualmente negativas, crueles, asesinas. Por tanto, hay que descartar toda violencia, la ejecute quien la ejecute, ya sea en ataque como en defensa. ¿Puedes tú cumplir esa ley? ¿Vedad que no puedes? Pues los otros, tampoco pueden. Luego todos somos iguales.

 

 

1023. Hay algo que no está claro para muchas personas: los animales no sufren como nosotros, pues no tienen ‘yo’, el ego. que compara, que experimenta el tiempo psicológico, como el ayer, el pasado, el presente, lo que tiene que venir, el futuro.

Al no tener consciencia egóica, los animales viven en el ahora, sus vidas están dentro de la eternidad, sin saber eso que es.

Ahora bien, eso no quiere que decir que hay que aprovecharse de ellos, como hacen en España, Sur América, el sur de Francia, donde son criados para la diversión, torturarlos, destrozarles las espaldas con hierros, y agotados, matados. 

Los animales, son como un robot, que no puede optar: siempre hacen o no hacen, ya que no tienen dudas, libertad de acción. Un animal no se puede suicidar. Pero, si tenemos compasión y amor, se han de respetar como respetamos un árbol, el agua, la comida, los bienes de la casa, los coches, los libros, cualquier cosa. Pues el que respeta, ama a algo de verdad, ama y respeta a todo lo demás, tenga vida o no.

 

 

1024. Es curioso la poca cobertura que hacen las televisiones sobre el atentado de San Petersburgo. Hace unos días en Londres, hubo un atentado, y tocaron arrebato, las cadenas emitían informativos especiales, con toda clase de detalles; informaciones de imágenes, durante varios días, como noticia de cabecera.

¿Es qué seguimos siendo racistas, odiando a los demás –a todo un país- que nos disgusta? Y, esa es la lección que damos a los jóvenes: que seguimos siendo racistas, y no pasa nada.

 

 

1025. Mientras haya miedo a lo conocido y a lo desconocido, mientras haya sufrimiento y dolor, habrá religiones, con su fe, sus dogmatismos ciegos, fanáticos.

 

 

1026. Sí, ya sé, Romeo, estamos de acuerdo con todo lo que has dicho.

Aunque, hay algunos que, aun teniendo la posibilidad de ser defendidos por la policía, los hombres armados, o por nosotros mismos, intentamos hacer las cosas -vivir- para que esa violencia no se genere, para que no llegue ese conflicto que mata, y puede desembocar en una guerra -ya sea entre dos o millones de personas-.

 

 

1027. No solamente hay guerra en Siria. Hay también guerra en Yemen, en Irak, Sudán del Sur, Afganistán, El Gran Sahel y la región del lago Chad, Birmania, Ucrania, República Democrática del Congo.

Todas las guerras son lo mismo: una desavenencia, un conflicto de intereses entre las personas. Pero eso, que en su inicio parece muy sencillo, con el paso del tiempo, cuando las personas empiezan a identificarse en uno de los dos bandos enfrentados, es cuando ese conflicto adquiere tal potencia que es ingobernable.

Pero, la esencia de ese conflicto, guerra, sigue estando ahí: una desavenencia, que nos divide, que nos irrita, de manera que no hay otra comunicación que la de hacer la guerra: difamarnos, generar violencia, echarnos bombas, matarnos en masa.

Por eso, si pudiéramos darnos cuenta cuando empieza la división, el conflicto, los enfrentamientos, si viéramos todo el peligro de ese comportamiento, no viviríamos de esa manera. Por lo que, podría haber chispas, pero no desencadenar el incendio de la guerra, que todo lo arrasa.