Torni Segarra

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136. En los diálogos donde hay libertad, todo puede parecer que nos alejamos del enunciado o texto del principio. Pero eso no importa, porque la ubicación de los factores no altera el producto: el orden, que es libertad.

 

 

 

137. No hay más cera que la que quema. No hay más, es lo que hay.

 

 

 

138. Es la libertad que tengamos, la que determina cómo somos, lo que somos.

 

 

 

139. ‘El espíritu que anida en nuestro interior no puede morir, ni enfermar, ni marcharse eventualmente, permaneciendo con nosotros hasta el final de nuestra vida corporal’.

Los que desaparecemos somos nosotros, y eso es un hecho. El espíritu interior no es un hecho, es un consuelo, un invento, algo creado para soportar el miedo del vacío, de la nada.

 

 

 

140. La libertad es peligrosa, ya que hacemos lo que querremos, que suele generar un caos. Y luego, de ese caos, llega otro reto que es el orden, la realidad. Y así, vivirnos en esa dinámica que no tiene principio ni fin.

 

 

 

141. ‘Soy 99% Ángel, pero… aaahh, ese 1%’.

Esa mezcla es la que nos hace verdaderamente humanos. Y así, somos enteros, auténticos, frescos, completos.

 

 

 

142. ¿Cómo sabemos lo que nos conviene o no? ¿Por qué queremos saber cómo responderemos a un reto -que siempre son lo nuevo-?

¿Nos damos cuenta que cuando ya tenemos un plan, una imagen de lo que tiene que ser y su respuesta, estamos en el ámbito de lo viejo y conocido, repetitivo?

 

 

 

143. No. La libertad es para todos igual, todos podemos actuar como queramos. La diferencia está en los que tienen que entender, aceptar o no, esa acción de libertad.

 

 

 

144. A la paz hay que regarla con la atención completa, con la compasión. Si no hay una buena relación con todo lo que es la vida, con los escalones que bajamos o subimos, con el coche que conducimos, con los que trabajan para ayudarnos, la vida no tendrá sentido, la encontraremos absurda.

Por eso, las dos posibilidades, el absurdo y el sentido que nos trae el orden, siempre están ahí. Sólo depende de lo que más gozo nos dé, nos llena de alegría, de dicha.

 

 

 

145. Pero hay algo que es la realidad, que nosotros no podemos cambiar ni alterar; y que, por tanto, siempre estará ahí. Una vez inventada la rueda, ya no se pudo eliminarla ni hacerla desaparecer.  ¿Nos imaginamos lo que aceleraría a los que empezaron a usarla en los carros para transportar alimentos, la caza, para ir de un sitio a otro? Y eso, puede que haga veinte mil años. Y entonces, algunos ya dirían esa rueda nos hace correr demasiado, nos agobia, nos da ansiedad, nos estresa. Y, sin embargo, estamos aquí.

Lo que quiere decir, que todo lo que describamos y lo sancionemos con el mal, o lo aceptemos como el bien, no tiene ningún valor. Pues todo participa de una unidad, donde el bien y el mal se alimentan mutuamente. Si la tierra no hubiera sido bombardeada por meteoritos hasta convertirla en una bola de fuego, que luego al apagarse se generó lo necesario para que apareciera la vida, nosotros no estaríamos aquí.

 

 

 

146. El amor es feliz per se, porque el amor no puede ser otra cosa que felicidad.