Torni Segarra

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1072. Esa acción es la ‘clave’ para poner orden en la respuesta a un reto. Pero, esa ‘clave’ para un reto, puede que no sea la ‘clave’ para otro reto. 

Pues la realidad, lo que sucede, está siempre cambiando. Por eso, tanto la víctima y el verdugo, se intercambian los papeles a cada instante. 

Por tanto, si nos quedamos siempre con la misma ‘clave’, llega otra vez la división y el desorden, la anarquía.

 

 

 

1073. No lo acabas de entender. Si los cristianos fueran verdaderos, no trabajarían para tener dos viviendas. Solamente tendrían una. Y de la misma manera, tendrían esa misma actitud con todo lo que necesitan.

Por tanto, el cristianismo es la misma utopía que el comunismo. Pues, tal vez, de momento nadie puede vivir, con un amor por los demás tan total, de compartirlo todo; incluso negarse uno, de lo que precisa, para favorecer, aliviar a los demás.

 

 

 

1074. Un momento, Raquel, si buscas excusas para hacer la guerra, la mente tiene la capacidad de encontrarlas de una manera infinita. Pero, también tiene la capacidad para negar la guerra, infinitamente.

Por tanto, al final es una opción el querer hacer la guerra o no.

Como cristiana, sabes que tu salvador Jesús, según dicen, llegó al hasta el final por no hacer la guerra, donde lo torturaron y mataron por ello. 

Y volvemos a los mismo, ¿es eso posible o es otra utopía? Eso lo ha de descubrir cada cual. Pues lo que se dice, lo que digan los demás no tiene ningún valor verdadero. Lo que está claro es que, para vivir, hay que hacer algún daño a los demás.

El mismo Jesús, cuando se enfrentó con los invasores romanos, con las máximas autoridades religiosas del Sanedrín, diciéndoles hipócritas, idólatras, paganos, ¿no les estaba haciendo daño, al igual cuando expulsó violentamente a los mercaderes del templo que era para orar y no para comprar y vender?

Te imaginas que, si ahora saliera Jesús y viera todo ese espectáculo de idolatría de imágenes de piedra, madera, los disfraces que llevan, con alegorías de su vida, con sus flagelaciones, en el folclore que sea convertido como el condecorar a una imagen de su madre, dijera que todo eso no sirve para nada, sino que es un error mundano, ¿qué le harían? Pues, toda acción genera reacción.

Eso quiere decir, que vivimos a base de utopías. Inventando la realidad que más nos gusta y conviene. Pero en esa huida, de lo que es, de la realidad, es cuando nos dividimos. Y, ¿dónde hay división puede haber amor?

 

 

 

1075. Pero, Susie, esa es la realidad, es lo que hay. Y, el no atenerse a esa realidad, que es la verdad, es cuando nos dividimos. Empezando todo el proceso de confusión, de desorden, de violencia.

Es muy diferente cuando operamos sin división, que con ella. Y el mundo, vive bajo el paradigma de la división, de la insensibilidad, de la indiferencia de las consecuencias que provocamos.

Por eso, es que tenemos lo que sembramos, por los pequeños actos, que al repetirlos se van incrementando, haciéndose grandes, peligrosos, mortales.

 

 

 

1076. Ese es el efecto que quieren provocar: que se despierte ese sentimiento por la tragedia de los niños que se matan en las guerras. Pero, los niños son lo mismo que los jóvenes, adultos, que los viejos. Pues todos somos seres humanos. Todos sufrimos las consecuencias de la violencia, del miedo, de la guerra.

Y antes de llegar ahí, a la guerra, los niños, por culpa de todos, ya están sufriendo las malas consecuencias: muertes por hambre, enfermedad por su miseria, malos tratos, explotación infantil, prostitución infantil, son vendidos como una mercancía.

 

 

 

1077. Sí es el estado natural de los hombres, el estar dividido. Pero, ¿todo acaba ahí? ¿O, hay algo que podemos hacer para que no lo sea, sin crear otra guerra, otra disputa, con la realidad de que somos divisivos?

Los animales no pueden hacer nada. Pero, nosotros sí que podemos hacer algo al respecto. Podemos avisar a alguien, que va por la calle, que no se da cuenta que un coche, si no se aparta, lo puede atropellar.

 

 

 

1078. La atención, para que sea, ha de estar libre de conflicto. Es como el silencio entre dos personas, que para que sea, no ha de haber imposición para que sea.

Es muy fácil: cuando me doy cuenta de que estoy en desorden, en conflicto, es cuando vuelve el orden, el fin de la división y el conflicto.

Todo esto parece muy complicado, porque no queremos desprendernos de nuestras vidas rutinarias, siempre viéndonos con las mismas personas. De manera que perdemos el interés por la totalidad de la vida.

¿Qué problema hay, Susie, si a unos no les interesa tus necesidades? Ellos tienen su libertad para hacer lo que quieran. Igual como tú, también tienes exactamente la misma libertad de hacer lo que quieras, lo que necesites.