Torni Segarra

Seleccionar página

1656. Cuando uno piensa que si tocara un cazo que está muy caliente, se quemaría la mano. Eso, no es un hecho. El hecho es, está cuando lo tocas de verdad el cazo. Y has de apartar la mano, lo quieras o no.

 

 

1657. Cuando somos lo mismo que observamos, vivimos, es cuando llega la paz interna. Pues esa unión, destruye toda división y su conflicto, con las resistencias, las contiendas. De manera que, sólo existe la acción, que no la puede tocar el ‘yo’,

El problema está en que ese ‘yo’, divisivo, vuelve a aparecer recurrentemente, caprichosamente. ¿Puede el ‘yo’ cesar definitivamente, y que no vuelva nunca jamás? 

 

 

1658. La mejor escuela, es la que no está intervenida por el Estado. Pero eso no es posible. Solamente, si es posible en los países subdesarrollados que cada uno hace lo que quiere, pues los gobiernos no pueden controlarlo todo.

Por lo que, a pesar de todas las buenas intenciones que tengamos en la creación de la escuela más adecuada, la educación siempre está intervenida.

Porque, el Estado, el establishment, no puede consentir que se desvelen todas las mentiras y falsedades con las que nos educan y convivimos. De lo contrario, el establishment desaparecería y sería sustituido por otro.

El problema de la educación es la competitividad, el deseo de ser el mejor, de ganar. El contrastarse y cotejarse con los demás, porque eso destruye la relación entre nosotros.

Y la finalidad verdadera de una escuela, es enseñar a convivir con una buena relación con todos -además de instruirnos para poder sobrevivir-.

Pues, sin una buena relación, tanto con los que convivimos, que están cerca, como con los que viven muy lejos, nada de lo que hagamos tiene sentido verdadero. 

 

 

1659. La verdad, se ha de manifestar por ella misma. Porque, todo intento para conseguirla, todo intento de ir la verdad, es un deseo que violenta.

Por eso, en la inacción hay acción total, orden. 

 

 

1660. El Señor Macron es el cliché que se repite. Tiene la habilidad de hacer creer que él va a solucionar los problemas, va a poner orden donde hay confusión, caos. Él es un hombre del sistema, del funcionariado gubernamental. Que, aunque hace ver que dice palabras nuevas, decisiones e ideas nuevas, todo es una fachada de la misma pared del establishment.

Con el Señor Macron, nada nuevo puede llegar. Es el hijo de Chirac, Sarkozi, Holland: un funcionario del sistema viejo, carca, que tiene pánico a la revolución psicológica. Pues para que todo cambie, hemos de morir a lo viejo y repetitivo, para que así advenga lo nuevo.

Eso quiere decir, morir a lo conocido, a lo que estamos atrapados, a lo que nos da seguridad, ya que nos hace dependientes como los drogadictos. Cuando el cambio es frescura, lógica, libertad, independencia, ausencia de corrupción e inmoralidad.

 

 

1661. La popularidad, tiene su raíz en el miedo. Las personas, que se consideran vulgares, del montón, necesitan a personas que hagan, que vivan de manera que ellos no son. Pues de esa manera, se olvidan de la soledad, de su soledad insoportable.

No hay un canon de lo que ha de ser el que es popular. Los racistas, tienen preferencias con personas crueles, insensibles. Que son populares por eso: ser capaces de ser racistas sin ningún miedo ni temor, siendo capaces incluso de ser violentos con los que ven cómo inferiores.

Hay una norma, que es preciso para ser popular: has de ser amable, simpático, accesible, con tus seguidores. Y como en realidad, todos tenemos algo de popularidad, podemos ver de primera mano, cómo funcionan nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo, con nosotros que nos ven algo especiales, es decir, somos populares. 

De todas maneras, como la relación de los populares y los que los reconocen como tales, al basarse en el miedo a estar solo, nos hace neuróticos, dependientes. No han visto, cómo los jóvenes pasan unos días acampados, de día y de noche, a las puertas del estadio, el lugar donde va actuar su músico preferido -popular-. Y luego, gritan, lloran, bailan, en una especie de éxtasis, que les hace que vayan más allá de su soledad, de lo poco que son, de lo vulgares, previsibles.